Galicia, el país del agua

Río Eume. © Ricardo Grobas

Publicado en “El placer de viajar por las Rías Baixas. Anuario Turístico 2003”

Los ríos y el mar, dos elementos naturales que generan el paisaje gallego, las formas de vida de las gentes y la cultura de este pueblo, permiten bautizar a Galicia con el sobrenombre de “país del agua”. Húmedo por excelencia, en este territorio atlántico en el que los griegos y los romanos situaban el fin del mundo antiguo, continúa venerándose el agua como fuente de vida y como vínculo de unión entre la vida y la muerte. Ahí están los ritos ancestrales consistentes en baños marinos para atraer la fertilidad, o el uso ininterrumpido desde tiempos remotos de las propiedades medicinales de muchos de los acuíferos gallegos.
Islas, playas y calas, ríos y riachuelos, fuentes y manantiales, cascadas… constituyen una riqueza natural en torno a la que ha girado tradicionalmente la economía de los gallegos. Hoy, este patrimonio natural se ha erigido en atractivo turístico de primera magnitud, y es la razón de ser de un turismo ávido de naturaleza en estado puro, que en las comarcas de las Rías Baixas tiene especial incidencia.
Es, precisamente, el agua, limpia y cristalina, la mayor abundancia del recientemente creado Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, conformado por los archipiélagos de Cíes, Ons, Cortegada y Sálvora, con una extensión total de 1.200 hectáreas terrestres y aproximadamente 7.200 marítimas.
Atardecer en la ría de Vigo. © Ricardo Grobas

El nuevo Parque Nacional se enorgullece de ser una de las mejores muestras del patrimonio natural estatal por la singularidad y riqueza faunística que alberga, la variedad de sus formaciones vegetales y su espectacularidad paisajística de interés geomorfológico. En el medio marino destaca la variedad de especies de algas que sirven de sustento a la arica comunidad de invertebrados, con la singularidad de que, al ser muy elevada la transparencia de las aguas, se facilita el paso de la luz hasta profundidades superiores a lo que suele ocurrir en otros puntos de la costa.

En el medio terrestre destacan las playas y las dunas de finísima arena blanca. Las más conocidas, por estar comunicadas en los meses de mayor afluencia turística, son las de las Cíes, paraíso natural con razón apodado “islas de los dioses” por los romanos.
Playas de ensueño
Las playas constituyen uno de los principales atractivos turísticos de las Rías Baixas, que, por su suave climatología, son el destino preferente del turismo que llega a Galicia. Soprenden por su belleza y por su número. Sería difícil decir cuáles son las mejores o las mas bellas. Las hay bravas y tranquilas, pobladas y solitarias, porque en el litoral recortado de las rías, los tramos de costa acantilada, rocosa y brava se encadenan con otros de orografía más suave, y ni siquiera en todos los casos son practicables por tierra.
Playa de Ons. © Ricardo Grobas

Así pues, en toda la geografía de las Rías Baixas se alternan las grandes playas de finas y blancas arenas con las pequeñas y tranquilas calas. Y en todos los casos se presentan al natural.

Algunas destacan por su portentosa belleza salvaje, como las de O Morrazo, un litoral rico en matices, cambiante a cada paso, suave en unos lugares, agreste en otros, que colman las expectativas de cualquiera y componen el mejor catálogo para contentar a todos los gustos.
Las playas de esa zona, en parajes no alterados por la mano del hombre, resguardadas por bosques centenario y vastísimas dunas forjadas durante miles e años por la acción del viento y las olas, tienen la virtud de dejar prendado a todo el que las visita.
Rías desiguales
Las rías ofrecen una clara estampa de la convivencia entre el mar y la tierra. En ellas, las bateas donde se crían mejillones y ostras forman parte inseparable del paisaje.
De orografía desigual, las de Arousa y Pontevedra se estrechan en su fondo, mientras que la de Vigo lo hace en Rande para volverse a abrir de nuevo formando la Ensenada de San Simón, otro espacio natural singular, donde se cultivan las prestigiosas ostras de Arcade y característico por sus llanuras intermareales que con la bajamar dejan al descubierto una especie de praderas submarinas.

Caudales de vida
En todas las rías la abundancia de precipitaciones a lo largo del otoño e invierno propicia el desarrollo de amplias masas forestales que rezuman verdor, lo cual les confiere una imagen paradisiaca. Y a ellas conducen los cauces de unos ríos que desde antaño vienen condicionando la vidas, costumbres y oficios en las comarcas que atraviesan.
Río Miño, en A Guarda. © Ricardo Grobas

Al Miño, que es el “pai”, y que baña las tierras más bajas de la provincia de Pontevedra, le siguen en importancia el río Ulla, frontera natural entre las provincias de A Coruña y Pontevedra; el Umia, que riega la comarca de O Salnés, famosa por sus extensos viñedos y sus hermosos pazos, y el Lérez, uno de los de mayor caudal y, por tanto, aprovechado para la producción hidroeléctrica.

Pero por toda la provincia existen otros ríos (Verdugo, Oitavén, Deza, Arnego, Valga, Liñares, Deva, Louro y Tea) y sus pequeños afluentes. Son ríos trucheros, caudalosos, que refrescan a su paso parajes de frondosa vegetación y en algunas localidades permiten la existencia en su cauce de playas fluviales, muchas de ellas dotadas de modernos servicios y comodidades, lo que las convierte en lugares de esparcimiento muy frecuentados en época estival.
Playa fluvial en el río Tea, en Mondariz. © Ricardo Grobas

Son ríos gracias a los cuales fue posible en otro tiempo la energía para mover la rueda de los molinos, ejemplos de arquitectura rural de gran valor etnológico, que hablan de un pasado que debe su vida al agua.

Ríos que en su discurrir por agrestes paisajes, entre robles, pinos y eucaliptos, forman bellas cascadas y enormes pozas. A Pasaxe, en Domaio-Moaña; A Freixa, en A Lama, A Toxa, en Pazos-Silleda, la del río Barosa, en Barro… son sólo algunas de las más conocidas cascadas, cuyo encanto las he hecho merecedoras de figurar entre la oferta de turismo de naturaleza más atractiva de sus respectivos municipios.
Agua que sana
Hablar de agua en Galicia obliga a citar sus termas y sus aguas medicinales, que convierten a Galicia, en general, y a las Rías Baixas, en particular, en la meca del termalismo. A Toxa y Mondariz son dos ejemplos de tradición contrastada del uso del agua con propiedades terapéuticas. Por su composición, sus aguas termales son apropiadas para dolencias de todo tipo, ya sea bebidas o ya sea mediante baños o chorros, y es tal su riqueza y tradición que alrededor de ellas ha florecido un importane turismo termal.
Fuente de Troncoso, en Mondariz Balneario. © Ricardo Grobas

El agua es, en definitiva, la razón de ser de Galicia, de su geografía y de sus gentes. Mar, ríos, manantiales, fuentes… Masas y caudales de agua todos ellos utilizados para pescar, regar, lavar, curar y moler, que bañan las costas y esculpen la tierra, que forman pozas y remansos o que atraviesan bosques y llanuras.

Agua en torno a la que giran viejas leyendas de hadas y meigas que impregnan la tradición oral de las aldeas de esta comunidad, y sin la cual no sería posible entender esta tierra.
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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

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