Las Islas Atlánticas de Galicia como laboratorio científico

Playa de Rodas y Lago dos Nenos, en la isla de Faro (Cíes).

Las Islas Atlánticas de Galicia son uno de los 14 espacios naturales de toda la geografía española protegidos con la figura de parque nacional. Su atractivo paisajístico, sus numerosas posibilidades para el senderismo y los deportes náuticos, sus playas prácticamente vírgenes, y también su historia y la huella de sus pobladores desde la Edad de Bronce hasta nuestros días convierten al Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas en un importante reclamo turístico de Galicia.

Pero al hablar del parque nacional, hay algo que no tenemos tan presente, y es la intensa labor investigadora que se realiza en torno a él y cuyas conclusiones deben guiar, supuestamente, las políticas de conservación de sus valores ambientales.

Faro de la isla de Ons, la única que permanece poblada.

Es verdad que las guías turísticas resaltan la singularidad de sus ecosistemas, su biodiversidad, la flora y la fauna, pero este tipo de información científica, que proporciona una forma diferente y muy estimulante de conocer el parque, todavía interesa solo a una minoría. Sin caer en la vulgarización, es bueno fomentar este conocimiento, y la ocasión se presenta ahora que, por fin, se ha abierto en Vigo el Centro de Visitantes del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas (Edificio Cambón, calle Oliva-Casco Vello).

Con ese objetivo el Centro de Visitantes acogió esta semana unas jornadas para divulgar varios estudios realizados en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, y pudimos ver el parque como un espacio con vida propia y un gran laboratorio científico.

Faro de Cíes y playa de Rodas al fondo.

De este modo supimos del hallazgo de nuevos yacimientos arqueológicos con piezas romanas en todas las islas, por ejemplo, y también que desde hace apenas cinco años existen en Galicia tres colonias de pardelas cenicientas, una en la isla de Monteagudo (Cíes) y las otras en las islas Sisargas e isla Coelleira. Según el investigador Ignacio Munilla, de la Universidad de Santiago, proceden de poblaciones atlánticas y mediterráneas y son individuos valientes y excepcionales, diferentes a la mayoría de sus congéneres porque se atreven a criar en lugares donde los demás no lo hacen.

Conocimos, además, ciertas curiosidades sobre los líquenes, que han motivado la propuesta de la investigadora María Sánchez de introducir su observación como actividad educativa en las rutas de senderismo de las islas. En los acantilados de Ons, por ejemplo, se aprecian las franjas de colores que forman las distintas especies de líquenes dependiendo de la altura a la que se encuentran: el negro, o de verrucaria, que queda al descubierto en marea baja; naranja o de caloplaca, sometido a las sapicaduras e inundaciones de mareas vivas; amarillento o de ramalina, sometido a la acción de las nieblas y del spray marino; y el de color blanquecino o de roccella, en las zonas sombreadas.

Gaviotas patiamarillas en los acantilados de la isla de Ons.

Sobre las dietas de la nutria y del visón americano, una especie invasora procedente de granjas peleteras, el investigador Rafael Romero negó que se solapen —la nutria es especialista en peces, mientras que el visón es generalista y se alimenta fundamentalmente de conejos, aves, reptiles y, en mucha menor medida, de peces y crustáceos—. Romero mantiene que, contrariamente a lo que se pensaba en los años 60 del pasado siglo, la nutria desplazará al visón debido a su mayor tamaño.

Gaviotas y pulpos, elementos emblemáticos de las islas, también fueron protagonistas de las jornadas. La población de gaviotas patiamarillas está en franca disminución y confiere a los acantilados unas condiciones ambientales propias y muy diferentes a las de la costa continental, que el profesor José Luis Otero, de la Universidad de Santiago, explicó a partir del análisis de los suelos del parque nacional.

Playa de Melide, en la isla de Ons.

En cuanto a los pulpos, una de las principales especies de pesca en las islas, el equipo dirigido por Ángel Guerra, del Instituto de Investigaciones Marítimas del CSIC, ha documentado por primera vez un caso de canibalismo en el medio natural. Su estudio sobre los hábitats preferidos para la puesta y el alevinaje de pulpos, sepias y calamares abarca también el Parque Nacional Marítimo Terrestre de Cabrera —en éste está prohibida la pesca—, y pretende llamar la atención sobre la conveniencia de cuidar estas zonas para mantener un estado de sucesión óptimo de las especies.

Con todo, los proyectos presentados en estas jornadas son solo un ejemplo del esfuerzo investigador y de seguimiento  en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia sin el que no sería posible su conservación. Que el público conozca esa labor científica es básico para que los espacios naturales protegidos se valoren y se respeten como merecen.

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Ver Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia en un mapa más grande

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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

Hay 2 comentarios

  1. Matiba dice:

    Desde luego que estas cosas deberían darse a conocer mucho más, ayudan a valorar lo que tenemos!

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