Vigo: identidad industrial y vocación mundana

Fondo de la ría de Vigo y puente de Rande. © Ricardo Grobas

Las bateas alineadas en medio de la ría o un velero bajo el puente de Rande son sólo dos de las muchas imágenes sublimes de Vigo, tanto al menos como las islas Cíes, tan irrepetibles ellas y tan reiteradas en la promoción de esta ciudad de componente industrial y urbanismo caótico.

Vigo celebra durante 2009 el Bicentenario de su Reconquista. Es la mayor urbe de Galicia y el principal puerto pesquero de Europa y, como corresponde a su natural ajetreo, está en constante metamorfosis. De este modo, sin renegar de su identidad netamente industrial y pesquera, y sin renunciar a su crecimiento económico mediante el desarrollo de importantes infraestructuras logísticas, en los últimos años ha apostado, por ejemplo, por dotaciones culturales que diversifican y dinamizan su oferta de ocio. El Museo del Mar de Galicia, el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) y la Casa de las Palabras son de esta última década, y la construcción del que va a ser una de las mayores inversiones culturales, el Auditorio y Palacio de Congresos, acaba de comenzar.
Puerto deportivo del Club Náutico. © Ricardo Grobas

El tópico dice que Vigo vive de espaldas al mar y, sin embargo, la realidad se percibe distinta cuando uno goza de los atractivos de la playa de Samil, larga, blanca, de aguas transparentes, con las islas Cíes tan próximas que parece que pueden tocarse. Gran parte de su vida social tiene lugar en esta playa y en su paseo, en las terrazas de las cafeterías y restaurantes, en las canchas de baloncesto, las piscinas, los parques infantiles, la pista de patinaje y el half de los skates. Pese a no ser una playa céntrica, los vigueses han hecho de ella durante décadas su lugar de esparcimiento por excelencia.

Con todo, las intervenciones urbanísticas de los últimos años, con el proyecto “Abrir Vigo al Mar” a la cabeza, han propiciado la aparición de un nuevo centro en la ciudad, el Paseo de las Avenidas, alrededor de las terrazas de Montero Ríos, el puerto deportivo del Club Náutico y, recientemente, un exclusivo centro comercial. Este pone en contacto la zona marítima con el casco antiguo, mediante una pasarela que hace las delicias de los turistas porque por ella se accede directamente al afamado mercado de A Pedra, la Concatedral y la popular calle de las Ostras. La zona tiene, sí, un tinte especial, con ese trajín inconfundible de visitantes –cruceristas extranjeros muchos de ellos– ávidos de souvenirs.
Turistas y vendedores ambulantes en la explanada del Club Náutico. © Ricardo Grobas

El Casco Viejo ofrece un aspecto dispar. En unos puntos, la rehabilitación de edificios y plazas le ha devuelto el encanto de antaño; en otros se perciben todavía señales de abandono. En algunas calles la vida despierta por las tardes en los bares y pubs de los bajos de sus humildes edificios; y otras, como la de Os Cesteiros, son ocupadas desde la mañana por los artículos de mimbre de los comercios en ella instalados. Hacia abajo, las callejuelas conducen a O Berbés, el antiguo barrio de pescadores y la cuna de la ciudad.

Desde los miradores de los montes de O Castro y A Guía se obtiene la imagen nítida de una pujante ciudad, construida tras la fortaleza que forman los muelles comerciales del puerto, los puertos deportivos del Club Náutico y del Liceo de Bouzas, el muelle de trasatlánticos, el puerto pesquero de O Berbés, con dársenas para buques de bajura y grandes congeladores, y varios astilleros de significada trayectoria en la historia de la industria naval.
Imagen aérea del puerto. © Ricardo Grobas

Reflejo de la historia más moderna de Vigo son algunas de sus esculturas urbanas, como el Sireno (Puerta del Sol) y los Nadadores (Explanada del Náutico y Plaza de la Estrella), todas ellas obras del escultor cambadés Francisco Leiro; el Monumento al Trabajo (cruce Gran Vía-Urzáiz), de Manuel Conde, o el Monumento a los Caballos (Plaza de España) y el Monumento a Europa (Avenida de Samil), de Juan Oliveira.

Y símbolo de modernidad y arquitectura de vanguardia es el campus universitario de Lagoas-Marcosende, modelo de convivencia entre naturaleza y arquitectura, en el que, entre otros, han dejado su huella arquitectos como Alfonso Penela, César Portela y el fallecido Enric Miralles.

El Sireno, delante del Edificio Simeón, en la Puerta del Sol. © Ricardo Grobas

Dos de las áreas verdes más representativas de Vigo son los jardines del Pazo-Museo Municipal Quiñones de León y el Parque de Castrelos, en sus aledaños. Los jardines del Pazo-Museo son una auténtica delicia visual, incluida en la Ruta de los Jardines de Invierno de Galicia. Junto a centenares de camelias de todas las especies, árboles singulares y monumentales, en ellos vive la camelia japónica “Matusalén”, la más antigua de Galicia. El Parque de Castrelos, por su parte, alberga entre sus extensos bosques y jardines un auditorio al aire libre, muy reputado por su acústica, donde han actuado algunos de los mejores intérpretes internacionales.

Fachada principal del Pazo de Castrelos, Museo Quiñones de León. © Ricardo Grobas
Playa de Rodas, el único lugar de Cíes al que llega el barco de pasaje. © Ricardo Grobas

Ochenta y cinco años después de ser donado a la ciudad de Vigo por el último Marqués de Alcedo para su transformación en museo de arte regional, el Pazo-Museo Quiñones de Léon contiene la colecciónn más importante de pintura gallega y constituye un lugar especial para bodas, actos oficiales y eventos profesionales. Todo el conjunto, pazo y jardines, representa uno de los mayores ejemplos del patrimonio histórico-artístico de Vigo.
Claro que, para llevarse otras muchas y gratas impresiones de esta ciudad que ha sido en varias ocasiones escenario literario y cinematográfico, es posible realizar una excursión en barco por la ría o una visita de madrugada a la lonja de O Berbés; se puede acudir a un concierto de rock en salas como La Iguana Club o La Fábrica de Chocolate, comer en algún restaurante de cocina de autor de los mejores de Galicia o hacer compras en selectas boutiques. Y, por supuesto, y aunque lo haga todo el mundo, visitar las islas Cíes y dejarse fascinar por su riqueza natural.

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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

Hay 2 comentarios

  1. Avatar Edurne dice:

    Cuando quieras, Nati. Serás bienvenida. Besos.

  2. Avatar Natalia dice:

    Apasionante descripción de la ciudad, y yo que creía que podía decir que conocía Vigo! Está claro que tengo que volver… 🙂

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