X Vuelta Náutica a Galicia (I)

“No podemos controlar los vientos, pero sí podemos ajustar las velas y enfilar la proa en la dirección que nosotros escogimos”.

Erich Fromm
A las once de la mañana, con la X Vuelta Náutica a Galicia iniciada en Ribadeo hace dos días, hemos zarpado desde la Ensenada de Bouzas (Vigo) a su encuentro. La pretensión –pero manda la climatología– es llegar a Corcubión, donde comenzará, en sentido estricto, nuestra participación en la regata: volveremos sobre nuestros pasos y cubriremos el tercer tramo, Corcubión-Moaña (97,5 millas), en cinco etapas, junto a más de 50 veleros.
Las sensaciones y las emociones ante esta aventura sin ningún rasgo competitivo y sí muchos de camaradería las provocan tanto el reencuentro con viejos conocidos como los recuerdos de episodios de ediciones pasadas, tanto los temores de los novatos como la confiada actitud de los más veteranos. Algo es, sin embargo, común a todos los participantes: el deseo de disfrutar al aire libre y de acumular experiencia náutica.
Hoy, con el viento del Noroeste, con vela mayor y motor hemos pasado la Costa da Vela sin dificultades. El tramo impone respeto, pues al doblar Cabo Home se deja atrás el resguardo de la ría y se toma conciencia de la diferente longitud y altura de las olas. Superada la isla de Monteagudo (Cíes), hemos navegado en ceñida a poco más de 5 nudos. Luego hemos pasamos la isla de Ons por dentro y la de Sálvora por fuera. Ahí, en medio de las aguas del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas los sentidos se agrandan, y el batir del mar, la concentración salina, las caricias de la brisa y la línea costera silueteada entre la bruma componen un estado de ánimo único.

© Ricardo Grobas

Éramos tres: el Golfiño, el Alefriz y el Belagua. Y se nos han juntado otros dos –el Rustrillas Tres y el Élsinor–. Una bonita estampa de la que el Belagua no ha podido disfrutar mucho porque un error en la derrota frente a la Península de O Grove nos ha demorado dos horas.

Entre eso, las olas de proa y el peso del barco, que lleva agua como para cruzar el Atlántico, lo más costoso ha sido el paso de Sálvora, lleno de islotes y piedras. Íbamos a comer en Corrubedo, pero hemos llegado al café. ¡Qué paraíso la costa del Parque Natural y la duna móvil que se levanta como una esfinge!

© Ricardo Grobas

La Península de O Barbanza parecía menor en la pantalla del GPS. Pero la travesía hasta Muros ha sido una gozada. En ceñida, sin llegar a los 6 nudos de velocidad, sólo con dos bordos para evitar piedras, hemos llegado a Muros a las 22:00 horas. Hemos hecho 34,6 millas. Ha sido el bautismo de fuego de la tripulación del Belagua, que por primera vez ha superado la latitud del archipiélago de Ons.

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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

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