X Vuelta Náutica a Galicia (V)

© Ricardo Grobas
Nuestra incorporación a la Vuelta Náutica ha comenzado con una avería en el motor del Belagua. La flotilla, paciente, ha esperado fondeada y, afortunadamente, hemos podido zarpar tres horas después que la treintena de barcos que arribó ayer a Corcubión.
Debido a la niebla y al viento del Sur hemos navegado rumbo a Muros con mayor y motor. En estas condiciones la travesía se hace pesada. Los niños –y no tan niños– se acuestan en el camarote y duermen, lo cual es un alivio porque entretener su anhelo de “llegar” es realmente complicado.

© Ricardo Grobas

La travesía ha supuesto nuevas y desconocidas emociones. Navegamos próximos a la costa, admirados por la pintoresca baliza negra y roja y con escaleras de Carrumeiro Chico y sorprendidos por el monolito franquista sobre Carrumeiro Grande. Entramos después en una zona legendaria por su peligrosidad, encarnada por las islas Lobeiras. El faro de Lobeira Grande tiene la particularidad de ser uno de los cuatro de toda Galicia, junto al de Touriñán y los de las islas Ons y Sálvora, que están habitados. Causa cierta aprensión pensar en vivir en medio de esa isla toda ella de piedra, teniendo como única señal de vida humana a los lejanos mercantes y a los pesqueros que faenan en las proximidades.

© Ricardo Grobas

Este es el llamado mar de Fisterra. En el Club Náutico de Corcubión se exhibe una carta de pesca en la que José López Redonda, patrón del Jordi Sardiñeiro, ha registrado cientos de naufragios por toda la costa de Galicia. En uno de ellos, el del que dice podría ser el acorazado inglés Captain, hundido en 1870 (471 muertos y 18 supervivientes) afirma: “Tarde se dieron cuenta los ingleses de que con el mar de Fisterra perdían todas las batallas”. Un apunte inquietante, cuando menos, en esta tarde de color gris oscuro con mar de fondo con olas del Noroeste y viento del Sur.

© Ricardo Grobas

Veinte millas después, llegamos a Muros, a medio camino entre las Rías Baixas y la Costa da Morte. Es puerto refugio para los navegantes y, además, una de las villas más hermosas de Galicia. Conjunto histórico-artístico, la sola estampa que ofrece desde la ensenada del puerto promete agradables sensaciones. Las construcciones de galerías acristaladas y soportales marineros de amplios arcos donde antiguamente se guardaban los aparejos de pesca se suceden por todo el frente marítimo, y por sus estrechas y serpenteadas calles y sus coquetas plazas se reparten bares, tabernas y terrazas muy concurridas.

Antiguos cruceros, originales fuentes de cantería, restos medievales como el Arco de Don Diego, viviendas típicas marineras, de balcones corridos con baranda de forja o con galerías de cristal, capillas, conventos e iglesias forman el pintoresco y armónico conjunto de Muros.

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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

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