“Faros de Galicia”, un riguroso trabajo de investigación que se lee con delicia

“Faros de Galicia” es un libro inmenso que he podido disfrutar gracias a mi amiga Alicia, que lo encontró en la Biblioteca del Museo Etnolóxico de Ribadavia. Me gustaría tenerlo en mi casa, pero no se vende y, seis años después de editarse (Fundación Caixa Galicia), ya no se puede conseguir.
Es un libro de gran formato, pero digo que es inmenso por todo el contenido que abarca. Su autor, Jesús Ángel Sánchez García, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela, no sólo aborda una completa primera parte sobre la evolución y tipología de los faros de Galicia, sino que en una segunda parte describe y repasa la historia de 39 faros, uno por uno, desde Ribadeo a Cabo Silleiro y, en una tercera, incluye la planimetría de todos ellos, realizada por alumnos de Arquitectura.
“Faros de Galicia” es un trabajo de investigación riguroso y meticuloso, con informaciones en algunos momentos muy técnicas, pero con un componente divulgativo muy grande, que revaloriza el patrimonio marítimo de la costa gallega y su historia. Sin ánimo de polemizar sobre los contenidos de los libros de texto, yo creo que a las jóvenes generaciones habría que transmitirles también muchos de estos conocimientos.
Por ejemplo, el libro niega, por no estar documentada, la existencia de faros fenicios en Galicia, y deja claro que la Torre de Hércules, de origen romano, fue el único faro levantado en la Antigüedad. Igualmente, aclara que la función de los fachos durante la Edad Media en los promontorios de los montes, y luego de las torres o casetas de vigías que los reemplazaron hasta el siglo XVIII, no era prestar un servicio a la navegación, sino que era meramente defensiva. Labor que, además, suponía una carga para los habitantes de la zona, pues estaban obligados a vigilar y emitir señales de humo para avisar de la presencia de piratas berberiscos o de Armadas enemigas, y también a suministrar la leña para hacer el fuego.
Total, que no fue hasta mediados del siglo XIX cuando comenzó la construcción de los faros de Galicia. El primero de todos fue el de A Guía (1844), en la ría de Vigo. Luego, se puso en funcionamiento el de la Torre de Hércules (1847) –comenzada a recuperar y a reconstruirse a finales del siglo XVIII– y más tarde se levantaron los faros de Estaca de Bares (1850), Fisterra (1853)…
El libro es muy didáctico y lo hacen muy ameno las referencias documentales, algunas sin desperdicio, como un reportaje sobre la vida de los fareros (llamados torreros), publicado en el periódico “Vida gallega” en 1920. Decía el periodista:

“Debieran nuestros gobernantes pasar una noche de invierno en estos faros. Silba el viento alrededor. Los cerrojos y las llaves son impotentes para que las puertas no sean aventadas. Hay que acuñarlas. Y si algún hombre debe aventurarse en una dependencia separada de la casa donde la necesidad reúne máquinas y genes, ha de ser amarrado reciamente para que el vendaval no lo lance sobre las espumeantes crestas de las olas. Un ministro de valor que compartiese con el torrero las angustias de esta vida dolorosa volvería a su vida de molicia pregonando la necesidad de mejorar la situación de los torreros sin esperar a que sus gritos lleguen hasta las ruedas que actúan sobre los timones maestros del Estado. Porque sus gritos no serán oídos nunca. Grita más el mar al pie de las pupilas luminosas que lo otean”.

Sobre este ejemplo de estilo ampuloso tan de la época, dice Sánchez García en su libro que “al margen del agradecimiento de los torreros, no revirtió en ningún tipo de mejora profesional o salarial”. Pero se ve que el periodista no se desalentó, pues justo un mes más tarde, con motivo de la construcción del nuevo y más moderno faro de Sálvora, volvía a escribir con entusiasmo desbordante:
“Quiero ahora deciros del modo más sintético: ¡qué cómodos, qué chics son los pabellones que ocupa cada torrero y su familia! ¿Conocéis el Gran Hotel del Balneario de La Toja? Ninguna de sus habitaciones supera en confort y en vistosidad a las del faro. Todo más pequeño, desde luego, pero todo con una coquetería sugerente. Alto de techos, elegante, el comedorcito familiar. Una habitación para el matrimonio. Otra, con dos camas, para las hijas. Otra igual, para los hijos. Lujosos los muebles. Amplia –más amplia que los sueldos– la despensa. Despejada, linda la cocina (…)”.
Y terminaba con un chorreo de romanticismo que no deja duda del poder de fascinación de los faros y de los terribles efectos que produce en ocasiones:
“¡Hermoso nido para una luna de miel! ¡Ideal paraje para unos últimos, regalados y fecundos años viriles –en la plenitud de todas las madureces– consagrados al estudio, al laboreo intelectual, a labrar, en la compañía de los faros del alma –los libros y la imaginación– el último rastro luminoso de la vida”.

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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

Hay 2 comentarios

  1. Avatar Edurne dice:

    Hola, Nicole:

    Gracias por tus palabras. Es una satisfacción saber que alguien aprecia lo que una hace.
    En cuanto a la slide de los faros, no me importa que la tengas en tu blog siempre y cuando hagas constar que el autor de las fotografías es Ricardo Grobas.
    Un saludo desde Galicia, y hasta cuando quieras.

  2. Avatar Nicole dice:

    Espero que no te moleste, que sin tu permiso, te robase el slide de Faros, pero es que me parece IMPRESIONANTE. Si no deseas que aparezca en mi página, lo retiro sin problema ninguno.

    Quise hacerme seguidor, pero este ordenador no me deja.Cuando llegue a casa, porque su página, es mi favorita, es exactamente lo que me interesa de internet; vivir mi Tierra, a través de sus manifestaciones culturales. Gracias por crearla. Aquí tienes una admiradora que te seguirá día a día.

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