La crisis ha matado a la Volta Náutica a Galicia

Puerto deportivo de A Pobra do Caramiñal (A Coruña), en la última Volta Náutica a Galicia, en agosto de 2009.
Entre los muchos efectos, algunos dramáticos, de la crisis está el recorte de presupuesto de entidades públicas y privadas destinado a promociones y patrocinios de actividades deportivas, sociales, culturales, fiestas y, en general, todo tipo de eventos. Sin el apoyo económico de fundaciones, empresas privadas y organismos públicos no serían posibles tantas y tantas actividades culturales, de deporte y ocio que contribuyen a la formación de las nuevas generaciones, pero la crisis pasa factura a todos.
Una de las iniciativas que ha dejado de celebrarse por culpa de la crisis ha sido la Volta Náutica a Galicia. Tras once ediciones consecutivas, el año pasado ya no se organizó. Pese a los esfuerzos, que me constan, de los responsables de la Federación Galega de Vela, tampoco este año habrá Volta, por lo que, siendo realistas, podemos decir que la Volta Náutica a Galicia ha muerto. Tuvo su momento, pero ha cerrado un ciclo, para el pesar de muchos aficionados, nuevos y veteranos, entre los que me cuento.
La Volta fue durante once años el acontecimiento del verano para los aficionados a la náutica deportiva. Gracias a esta iniciativa de la Federación Galega de Vela que patrocinaban Portos de Galicia y la Dirección Xeral de Deportes junto a algunas entidades privadas se produjo un boom del turismo náutico de largo alcance en nuestra costa. La Volta fue para muchos su bautismo de fuego para salir del abrigo de las rías y explorar otras latitudes.
En las 275 millas que separan  Ribadeo de Cangas do Morrazo, en la ría de Vigo, se vivieron cada año, a lo largo de los diez días que duraba su recorrido, navegaciones tranquilas y más comprometidas, en función de la climatología, pero todas ellas igual de valiosas.
Además, la Volta era un acontecimiento que traspasaba Galicia y se conocía en toda la costa cantábrica. En cada edición, se sumaban a estas vacaciones en barco tripulaciones asturianas, cántabras y vascas. Era una fiesta, tanto en el mar como en tierra, que ponía en valor turístico la costa gallega, sus excepcionales condiciones para la navegación en cualquier época del año y la cultura marítima de Galicia, reflejada en toda la riqueza histórica, cultural y humana de sus villas marineras, su gastronomía y sus tradiciones.
Puedo hablar de la Volta como una experiencia enriquecedora, que te pone en íntima conexión con Galicia, desde el primero hasta el último día, que te descubre algunas de las imágenes más bellas con las que se puede soñar y una sensación de libertad y de plenitud hasta entonces desconocida. Tendría que seguir hablando de ella en pasado. Pero cuando el recuerdo es tan intenso el tiempo se hace presente, y no hay crisis que lo empañe.
Sé que celebrar un evento como éste, en el que se juntaban cada año una media de cincuenta embarcaciones a vela, requiere destinar efectivos y poner en alerta a Protección Civil o Salvamento Marítimo, por ejemplo, pero también sé que llena de vida los puertos, los bares, los restaurantes, y tiene un gran impacto turístico.
¿Tan caro resulta organizar la Volta Náutica a Galicia que no compensen sus efectos para el futuro del turismo de Galicia? ¿Qué opináis vosotros?
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Edurne Baines
Soy periodista. Cofundadora y directora de la editorial Belagua. Trabajo en proyectos editoriales centrados en la comunicación turística de Galicia, y desarrollo tareas editoriales, de comunicación y de creación y gestión de contenidos para todo tipo de publicaciones. Soy navarra, vivo en Vigo y adoro Galicia.

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